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La
experiencia del paciente anestésico puede ser observada desde tres puntos
de vista. Hay estrés y ansiedad asociado a estar afuera de su hogar y en
un ambiente extraño. Hay dolor que se asocia con la extracción de sangre,
colocación de catéteres, y procedimientos quirúrgicos. Y el tema
fundamental de la seguridad del paciente: debe sobrevivir el evento sin
ninguna consecuencia negativa.
El estrés y la ansiedad pueden ser controlados con medicamentos
sedantes. El alivio del dolor se relaciona también con este problema
porque el dolor aumenta el estrés y la ansiedad del paciente.
La comodidad del paciente requiere del uso apropiado de los analgésicos.
El apoyo con fluidos juega un papel importante en mantener la comodidad óptima
del paciente. La deshidratación disminuye la sensación de bienestar del
paciente. También al suplir
calor ayuda a mejorar la comodidad del paciente y juega un papel
importante en la seguridad del mismo. La seguridad del paciente va más
allá que sencillamente su supervivencia. Se deberían realizar todos los
procedimientos de apoyo para evitar cualquier daño tisular al nivel de
los órganos. El control permanente del paciente permite detectar
tendencias problemáticas antes de que se transformen en consecuencias
graves.
La anestesia balanceada nos permite minimizar el riesgo del paciente,
maximizar la comodidad y seguridad del paciente. Los objetivos de la
anestesia balanceada son calmar al paciente, minimizar el dolor y reducir
los efectos adversos asociados con los agentes anestésicos y analgésicos.
Calmar el paciente es importante porque permite facilitar el manejo y
disminuir la cantidad de estrés del paciente. Como todos sabemos, el estrés
puede producir taquicardia, taquipnea, hipertensión y otras consecuencias
de la liberación de catecolaminas; todos ellos perjudican al paciente
anestesiado. El estrés y la ansiedad contribuyen en el proceso
nociceptivo del dolor. Algunos ejemplos de medicamentos que calman al
paciente son la acepromacina, el diazepam o midazolam y la medetomidina.
El dolor se asocia con ambos la cirugía electiva y el trauma.
En humanos, especialmente el paciente pediátrico, se ha demostrado
que el dolor provoca un retardo en el proceso de cicatrización, disminución
del apetito y contribuye a la mortalidad. La mejor manera de controlar el
dolor es pararlo antes de que se inicie. Analgésicos apropiados pueden
ayudar también el calmar el paciente y disminuir la necesidad de dosis más
altas de anestésicos inhalados. Algunos ejemplos de analgésicos son:
opioides (como la morfina, buprenorfina, butorfenol, y fentanilo),
antinflamatorios no esteroides (como el carprofeno, meloxicam, y
ketoprofeno), anestésicos locales (como la lidocaína, y bupivacaína) y
los antagonistas del receptor NDMA (ketamina).
Todas las drogas tienen la posibilidad de afectar adversamente al
paciente. Algunos de los efectos negativos más profundos de la anestesia
pueden ser causados por los anestésicos inhalados. Mientras que estas
drogas son muy útiles y generalmente tienen un margen de seguridad muy
alto; con el uso apropiado de agentes tranquilizantes y analgésicos,
puede ser reducida drásticamente su dosis y concomitantemente la
tendencia a producir efectos adversos.
La mejor aproximación a un protocolo balanceado involucra la evaluación
individual del paciente y el procedimiento, de manera de poder planificar
el evento anestésico. Casi todos los pacientes deberían ser premedicados
con un analgésico +/- un tranquilizante. Un agente apropiado de inducción
debería ser seleccionado para inducir la anestesia rápidamente y
permitir una entubación rápida. Luego el mantenimiento anestésico puede
ser obtenido con un agente inhalado. El mantenimiento también puede
obtenerse por infusión a velocidad constante con algunas drogas (por ej.
propofol), pero usualmente se reserva para circunstancias especiales.
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